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miércoles, 18 de mayo de 2022

Lo nuestro

Ayer tuve que hacer arreglos personalizados para unos vestidos. Debo decir que tengo suficientes herramientas para desafiarme a mí misma. En esto, mientras trabajaba, me acordé de doña Elena. Era vecina de nuestro rellano, un poco mayor, al menos diez o quince años más que mi madre. Cada vez que yo tocaba su puerta, me abría con una gran sonrisa, invitándome a pasar e incluso ofreciéndome chocolate y galletas. Esta vecina tenía una máquina de coser, y siempre se la escuchaba coser, y estaba ayudando a las otras vecinas, ofreciendo arreglos, lo cual hacía encantada que ni siquiera cobraba por ello. Estoy ayudando a mamá con las cortinas, que han estado un poco largas. Nuestra casa parecía diferente, majestuosa, y sólo por este pequeño cambio. Yo ya era mayor, tenía cinco años, pero todavía recuerdo el cariño con el que me trataban allí, y que mi madre preguntaba por los chicos, uno estaba en la mili (servicio militar) y la hija, Elenita, había entrado a la universidad. Sabía que estaba muy lejos, por eso no la veía tan a menudo como solía hacerlo antes.
El conocimiento no compartido se pierde, nunca se sabe a quién se puede sacar de una duda razonable, plantear una inquietud o divagar para ampliar lo ya conocido. En este recuerdo mio, entiendo el porqué un hobbie, puede convertirse en un medio de vida y en una base de socialización y de "charar" con las vecinas.
Charar: charlar, departir, platicar.

martes, 27 de agosto de 2019

Vacaciones de verano

Viajar tiene sus cosas. Las vacaciones suponen escapadas o recuperar tiempo con nuestros amigos y seres queridos.  Este verano, me he escapado varias veces, unas pocas horas, para poder tratar y recuperar un poco las charlas diarias, en vivo y en directo.
Tras mi jornada habitual, cogí tren, metro y de nuevo tren, para encontrarme con mis amigos.
Cuando llegué a mi destino, pregunté en la estación, mi hospedaje estaba muy cerca, unos diez minutos andando, pero no me lo aconsejaban, era tarde.
Dejé la estación, y se estaba yendo el último taxi.
Quedaba una señora, con una maleta, como yo. Cuando llega un coche, a los pocos minutos, que mientras esperas se hacen eternos, me dijo, si quieres te acercamos ya es muy tarde y parece que ya no vienen taxis. Fueron muy amables, la verdad, mantuvimos una conversación en la que les dije que era mi primera vez en esa localidad a lo que añadieron que sí que era una zona muy bonita y que me iba a gustar. No les falta razón, la cuidad es preciosa.

El descanso fue fenomenal, los lugareños muy atentos con sus turistas y esta vez volví en taxi a la estación, y charlando, el taxista afirmó estaba  casado con una paisana mía.

Nada como viajar y sentirse como en casa.

RMBM